Unicorn Wines

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Microbiowines

Ismael Gozalo “el último niño de Nieva” es un viticultor firmemente enraizado en Nieva, un municipio de la vertiente segoviana de la DO Rueda donde, debido al carácter arenoso de sus suelos, aún es posible encontrar una cierta cantidad de viñedos prefiloxéricos y en pie franco.

Su familia ha estado ligada tradicionalmente a Viñedos de Nieva (hoy en manos del grupo Martúe), la bodega de referencia en la zona, hasta que junto a Javier Zaccagnini (Aalto y Sei Solo en Ribera del Duero) Gozalo creó Ossian, un proyecto centrado en el enorme potencial de estos viñedos viejos de verdejo y que desde los inicios se convirtió en una gran referencia de calidad para los blancos españoles. Ismael Gozalo siempre ha sido un firme defensor de la tierra y la naturaleza y le gusta hablar de agricultura “eco-lógica” (incidiendo en la palabra “lógica”) y bíosinergias.

Con la salida de su socio y la entrada en 2013 de un grupo potente de Ribera del Duero como Pago de Carraovejas, Ismael se ha acabado desvinculando de Ossian para continuar su trabajo en solitario, aunque como viticultor les sigue suministrando uvas. De hecho, Gozalo vende entre el 75 y 80% de todo lo que cultiva y se reserva el resto para sus vinos.

Bajo el nuevo sello de MicroBio Wines se mueve en una doble línea de trabajo. Por un lado elabora vinos naturales y un tanto extremos con los que juega a experimentar y explorar como Issé (fermentación y crianza en tinajas de barro), Rack (trabajo con mostos muy turbios en reducción), Sin Rumbo (con oxidación en prensa y cierto carácter de volátil), Kilómetro 0 (fermentado en tinajas con pieles al estilo de un vino naranja) o Ilegal (una larga historia que se cuenta con detalle en la web de la bodega). El blanco central de este proyecto es Microbio, que se prensa sin despalillar y se cría en barricas grandes de Mosela de 1.015 y 1.050 litros. El top es Frágil, un verdejo fermentado y criado en damajuanas de cristal “para que no haya ninguna interferencia entre el terruño y la botella”. Más democráticos resultan los divertidos espumosos elaborados con el método ancestral Nieva York  en versión blanca y rosada.

Por otro lado, cuenta con una gama algo más “clásica” que no obstante arranca con el arriesgado blanco La Banda del Argílico (1.600 botellas en 2015 pero espera llegar a 6.000). Este vino es un homenaje a las bandas de argílico que hacen que los microbios se mantengan a unos 40-50 cm. de profundidad aportando frescura al suelo; es bastante extremo con notas de umami y casi reproduce el sabor de la tierra. Sin Nombre (sólo 1.200 botellas) ofrece una concepción más clásica, con todo el carácter mineral y la complejidad y desarrollo en botella que puede alcanzar una verdejo de terruño y viña vieja.

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